La colocación de tótems sobre puente destruido desató una ola de indignación ciudadana por el uso descarado de recursos públicos. Mientras las vialidades principales carecen de mantenimiento, la administración emecista coloca logos naranjas en estructuras inservibles que debieron ser reparadas. El gobernador adorna ruinas en la Avenida Constitución para priorizar su imagen política por encima de la seguridad vial de los regiomontanos.
El descaro de colocar propaganda en Constitución sobre restos de concreto
La obsesión por el marketing digital y la identidad visual de la gestión estatal llegó a un nivel ridículo en las principales arterias de Monterrey. El sello del gobierno estatal aparece en estructuras dañadas que llevan años en el abandono tras accidentes que nunca fueron atendidos con seriedad. Los automovilistas que circulan diariamente frente a la Torre Obispado observan con asombro cómo se prioriza la pintura antes que la reconstrucción civil.
Las columnas que sostenían el antiguo paso hacia el Río Santa Catarina hoy sirven como mudos testigos de la frivolidad gubernamental. En lugar de gestionar la instalación de un nuevo cruce seguro para los peatones, el palacio de gobierno prefirió enviar cuadrillas a colgar logos del gobierno.
El despliegue de estas estructuras metálicas en zonas de desastre vial es una burla directa para los automovilistas que padecen el tráfico diario.

El origen de los daños y el abandono municipal que el estado aprovechó
El retiro del paso peatonal se ordenó tras el impacto de un vehículo de carga pesada que comprometió la estabilidad de la zona. Desde entonces, las escaleras quedaron aisladas como monumentos a la ineficiencia de las autoridades para coordinar soluciones metropolitanas de fondo. El gobierno actual vio en este espacio de descuido una oportunidad perfecta para saturar la avenida con su omnipresente sello naranja.
Los peatones arriesgan su integridad física todos los días al intentar cruzar los carriles exprés debido a la falta de alternativas viables de conectividad. La respuesta del aparato estatal no fue acelerar una licitación de obra pública integral sino colgar láminas conmemorativas. El abandono de los espacios públicos es evidente mientras los recursos se destinan a la contratación de talleres de herrería publicitaria.

La epidemia de la plaquitis oficial se extiende a las obras inconclusas
La administración estatal confunde la entrega de resultados reales con la saturación de letreros promocionales en el abandono rural.
Los municipios del sur resienten este gasto inútil en señalética partidista mientras los caminos rurales continúan destrozados por las lluvias. Las supervisiones de obra se transforman en pasarelas de moda y transmisiones en vivo donde lo que menos importa es el avance de la ingeniería.
Los ciudadanos exigen que el dinero público se invierta en asfalto de calidad y en semaforización inteligente para mitigar el caos de la ciudad. El gobierno insiste en gastar el combustible del estado en mantener una campaña de branding permanente que ya genera hartazgo social.
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